Los últimos años de su vida en Viena del Delfinado (1546-1553)

    A la vez que  Servet componía ediciones revisadas o  traducidas de biblias y de obras gramaticales  y médicas, en el taller de Frellon o en algunas ocasiones con socios de éste,  y a la vez que desempeñaba su trabajo como doctor en medicina para el arzobispo Palmier, y era cada vez más querido por los ciudadanos de Vienne,   el maestre Miguel de Villanueva iba completando su obra magna, la Restitución del Cristianismo, obra latina de 734 páginas, con frases en griego y en hebreo, y siguiendo la linea de los trabajos teológicos que había publicado en 1531 y 1532, pero siendo más riguroso en su análisis, y añadiéndole una fuerte crítica a la Iglesia Católica, su liturgia, sus sacramentos, doctrinas e instituciones, y aspectos contra el bautismo de los niños. No está claro cuándo exactamente comenzó la gestis de dicho proyecto, pero parece que podría ser hacia 1543. 

Un intercambio epistolar con Juan Calvino ( 1545-1546)

     Otro de los personajes importantes que afectarían a muchos aspectos de la obra sería la influencia de los trabajos de Juan Calvino, quien,que posteriormente a la publicación de su Institución de la Religión Cristiana,  había alcanzado mucha fama entre los hugonotes franceses, incluido el impresor Jean Frellon. Como el maestre Miguel de Villanueva había estudiado las obras de Calvino, y consideraba que estaba errado en muchos aspectos, al margen de la fama que los reformados le dispensaban,  decidió establecer un contacto epistolar con Calvino, a través de Frellon. Calvino usaba el pseudónimo Charles d’Espeville. 

    Por ejemplo nos consta de una carta de marzo de 1546, que no fue la primera, en la cual Calvino se quejaba de la dureza con la que Miguel de Villanueva le había contestado, y por las mismas fechas otra carte de Calvino a Farel, en la cual decía que Miguel de Villanueva le había mandado un gran volumen con sus locuras  -que era un borrador ya avanzado de la Restitución del Cristianismo, con la mayoría de los tratados pero con algunas variaciones con respecto a la obra ultimada- y que se había ofrecido a ir a Ginebra. Calvino continua comentándole a Farel, que si llega a poner pie en Ginebra, si en algo vale la autoridad de Calvino en la ciudad,  no saldría vivo de ella. Se constata el odio creciente de Calvino hacia alguien que podría derrumbar su influencia en Ginebra. Con respecto a la intención que tuvo Miguel de Villanueva al mandarle dicho borrador, como el mismo confesó en 1553 en el Juicio de Ginebra, pretendía únicamente conocer  su opinión sobre el mismo.                                                                                                                                                  

    Pasada esta primera frase, en que Calvino ya no deseaba saber nada del dr. Villanueva, quien creía – o decía-  que era soberbio y debía aprender humildad, Jean Frellon decidió intervenir, y hacerle pasar a Calvino un cuestionario en el cual  Miguel le pregunta su opinión sobre temas concernientes a si Jesús es hijo de Dios, sobre cómo se entra en el Reino de Dios, y si el bautismo requiere fe. A ellos Calvino respondió con altivez, pero Miguel  le siguió con una carta en la que defendía sus posiciones en lo tocante a la justificación, sobre la Gracia de la venida de Cristo, o sobre la fe verdadera, y le pide que sobre el bautismo lea su libro IV, de la Restitutio, pues piensa que Calvino ni siquiera lo ha leído. Calvino sin embargo decidió responder más efectivamente, enviándole un ejemplar de su obra publicada, la Institución de la Religión Cristiana. Pero el implacable maestre Miguel de Villanueva  le devolvió dicha obra llena de comentarios, y correcciones, “cargando todos los márgenes”,  algo que ya hemos visto cómo hacía Servet en su Manuscrito de la Complutense. Esta respuesta tan contundente y tan al corazón de la obra magna de Calvino, género en  este último una animadversión todavía mayor. Unos pocos meses después de ese invierno de 1546 parece que no hubo más comunicación, aunque Miguel le solicitó a Calvino que le devolviese sus manuscritos, cosa que este no hizo, y que posteriormente utilizaría para denunciarlo frente a la Inquisición.   

    Aun así, parece que Miguel le remitió un conjunto de escritos, o ensayos, de género epistolar, que serían los textos denominados “Treinta cartas a Calvino” que luego publicó en 1553 en su Restitución del Cristianismo, y que se presentarán en el Juicio de Viena del Delfinado, en forma de 19 cartas dirigidas a Calvino.   Parece que posteriormente a este intercambio epistolar, y según testimonio de Jérôme-Hermès Bolsec, Calvino trató de denunciar a Miguel de Villanueva al cardenal de Tournon, como hereje, aunque no existe manera de comprobar la veracidad de tal declaración. Personalmente creemos que fue cierto, pues está comprobado que esa fue exáctamente su actitud en la obra que pulicó en 1551, como veremos, y también  hay sintonía con las cartas que hemos visto, tratando no de desbancarle intelectualmente, sino haciendo uso de su poder, o de las leyes locales para silenciarle.

   En cualquier caso, pasado aproximadamente un año,  Miguel Servet decidió escribir tres cartas a uno de los ministros de la iglesia de Ginebra,  Abel Poupin, en la que definía la Trinidad como un cerbero de tres cabezas, recriminaba que para los reformados defendiesen una ensoñación, y que las obras no tuviesen valor para la salvación, y finalizaba con un: 

 “Yo sé a ciencia cierta que debo de morir por esta causa, pero no carezco de coraje para ello, pues quiero ser un discípulo semejante al maestro.”  

   Lo cual  suena sin duda muy profético a nuestros oídos, sabiendo cómo acabó sus días.  Miguel también escribió a Viret, pastor de Lausana, y esto lo sabemos por una carta entre este último y Calvino, en la que Calvino le contesta que no va a perder más tiempo con el terco hereje, “no obtendrá nada de mí”.  Nos parece significativo, como la comunicación para compartir estos debates se corta por decisión de Calvino. Y más significativo es lo que publicaría en 1551, en su edición francesa de De Scandalis, donde dice:

 “Hay cierto español, Michel Servet, que practica la medicina, llamándose Villanueva. Este pobre orgulloso está ya inflado de la arrogancia de Portugal, pero agotado más en su  pobre fiereza, ha pensado que podría adquirir algo de gran fama, volviendo al revés todos los principios de la cristiandad”.

   Una denuncia en toda regla, en la que sólo le faltó decir que residía en Viena del Delfinado. Por eso creemos que los intentos de 1546  también fueron reales, y que llevó la iniciativa de todo el proceso de denuncia en 1553. 

                                                                                  

El proceso de naturalización francesa(1548-1549)                                

   Este documento era conocido desde las publicaciones de. Sin embargo, este documento estaba extraviado. González Echeverría lo relocalizó a través de los propietarios anteriores, sus descendientes y las donaciones que realizaron. El documento está  en la actualidad en los archivos de Grenoble, expediente 32 J 37.  

   Nuestro Miguel de Villanueva, ya con 42 años de edad, y dándose cuenta seguramente de  que no iba a volver nunca más a España y de que como extranjero no podía administrar correctamente  sus bienes en el presente, y que no los iba a poder legar en el futuro, comenzó el proceso para naturalizarse francés.  Así, declarando que esperaba “acabar allí [en Viena del Delfinado] sus días”, presentó un requerimiento al mismo rey, que le otorgaría las cartas de naturalización francesa, y que constaba de un elevadísimo nivel de inspección, por las más altas instituciones de Francia, puesto que  tal proceso, al final, conllevaba una pérdida del patrimonio real de Francia, ya que al monarca galo pertenecían los bienes de los extranjeros residentes en Francia a los que no se les concedía carta de naturalización. Todo este proceso se iniciaba como, y era en definitiva, un privilegio real, una insigne concesión por el Rey Delfín, a personajes muy selectos que habían permanecido en el reino  más de ocho años, con una carta adornada con sellos de cera verde y lazos de seda verde y roja, concedido a muy pocos, y no fácilmente, y que debía contar con la voluntad del soberano, según el derecho francés, y así aparece en el propio documento de Miguel de Villanueva, donde además se deja constar que se seguía tal proceso “viendo y atendiendo al consentimiento de las gentes del Rey”. Era un documento muy elegante,  escrito en bastantes secciones con tinta roja, y que se ha conservado intacto hasta nuestros días.

    Pero además para entrar en vigor estas cartas debían registrarse en el Parlamento, como se hizo el 29 de enero de 1549, y el 6 de febrero del mismo año,  y ser verificadas en la Chambre de Comptos de la jurisdicción donde deseaba residir el naturalizado, después de pagar unas tasas y una fianza. En este caso se  inició en la Cámara de Comptos de Grenoble, y continuaba con un auditor encargado de recabar información de testigos, y de evaluar al fortuna del extranjero que solicitaba el privilegio. Al registro en dicha Cámara de Comptos del mismo  6 de febrero, con sello, y con el amplio proceso verbal con ocho testigos, que juraron sobre los Santos Evangelios, le siguió otro de Artus Prunier, consejero del Rey, con sello y contrasello. Se comprueba rápidamente el complicado, y altamente verificado proceso llevado a cabo por los consejeros reales,  auditores reales, notarios reales, y procuradores reales, en toda la información de dicha naturalización.

    Y así, el 19 de junio de 1549, consta con el consejero real y auditor de la Cámara de Comptos  de Grenoble, Joubert, con un notario real de Viena del Delfinado, comienza el proceso verbal, en el que todos los testigos declaran que  se llama Miguel de Villanueva, que le conocen, y que ha residido en Viena del Delfinado durante los últimos siete u ocho años. A través de sus testimonios podemos conocer otros aspectos del doctor Miguel de Villanueva, como que tenía contactos profesionales con dos apotecarios que declararon, o siguiendo  el testimonio de su casero,que desde hace dos años y medio Miguel de Villanueva residía en su casa, pero que en la última Navidad por orden de Palmier residió con el vicario del arzobispo, dándole habitación y bienes útiles. También declarando que no poseía bienes muebles ni inmuebles, a excepción de su mula y sus arreos,  y sus libros, que valían unos 40 o 50 escudos. El proceso en conjunto terminó el 5 de julio de 1549.

    Durante todo el proceso, ya sean  procuradores reales, notarios reales,  auditores, o el propio Rey, se refieren  al personaje como el doctor Miguel de Villanueva doctor en Medicina,  y nacido en Tudela del Reino de Navarra, y no sólo una vez, sino hasta tres veces.

El puente del río Gère, Arnoullet y su imprenta, la Cofradía de San Lucas  (1548-1552)

   Ya como ciudadano de Viena del Delfinado, el 15 de febrero de 1548 el doctor Miguel de Villanueva fue requerido, como habitante notorio, para aconsejar sobre la construcción con piedra  del puente sobre el río Gère, cuyo puente anterior había sido arrastrado por una riada 4 años atrás, y se había sustituido por uno más modesto de madera. El punto consultado a Miguel de Villanueva, junto con otros asistentes, era si el puente debía construirse con un arco o con dos, para los cuales tanto los expertos, como la mayoría de los convocados -incluido el dr. Villanueva- aceptaron la segunda opción. Pero  Miguel también comenzaría trabajar y publicar la revisión de las Obras Completas de Galeno, en el taller de Jean Frellon,  cuyo último tomo no vería la luz hasta 1551, obra que como muchas otras no firmó por el brutal proceso de la Universidad de París y su facultad de Medicina contra él, 10 años atrás.  Al año siguiente de 1549, el maestre Miguel de Villanueva publicará el mismo taller de su amigo Frellon, y en el del socio de este en Flandes (la viuda de Birckmann), las versiones españolas de las obras erasmistas Librito sobre la construcción de las ocho partes de la oración, y Libro infantil de notas sobre la elegancia y variedad de la lengua latina, para la enseñanza de los más pequeños, continuando la labor emprendida 6 años atrás con sus Dísticos morales de Catón.  Dos años después Miguel seguiría supervisando otros asuntos concernientes al puente sobre el Gère, por medio de visitas a los albañiles y carpinteros, tratando de  ver cómo se podía cimentar la “pilastra”, y aconsejando hacer zanjas para desviar el agua del río que salía del lugar de los cimientos de la pilastra, consejo que los expertos carpinteros y albañiles siguieron. 

   Pero este no sería el único asunto municipal en que su voz se escuchase, hubo otros,  como cuando se adoptó la decisión de no realizar grandes gastos para recibir a los reyes en una posible futura visita a Viena del Delfinado,  decisión que se tomó en una de las habitaciones del palacio arzobispal, en presencia, entre otros, de Villenefve, médico. Y todavía más relevante fue su presencia en el consejo para aprobar la petición del impresor lionés Baltasar Arnoullet de establecer una imprenta en Viena del Delfinado. Resulta asimismo  errado pensar que Arnoullet quiso poner su imprenta en dicha ciudad sólo por imprimir su Restitución del Cristianismo,  ya que  consta que  Miguel de Villanueva intentó imprimir dicha obra  primero en Basilea, y Servet aseguró en el Juicio de Ginebra que conoció a Arnoullet más o menos un año atrás, cuando este llegó a Viena.  

   Otro aspecto importante de las actividades que  realizaba el dr. Miguel de Villanueva en Viena del Delfinado lo constituían sus labores en la Cofradía de San Lucas de  dicha ciudad, en la que consta como prior médico en 1551*. Dicha cofradía se había creado para enfermos pobres que no podían costearse la asistencia médica ni los medicamentos, y había realizado nuevas ordenanzas, siendo la reforma de 1550 la que estipulaba que debía haber tres priores (médico, barbero y artesano). En aquellos días se convocó a los maestros Guillaume Guidobal -del que hemos hablado en la sección sobre la obra de Servet Apología contra Leonardo Fuchs– Miguel de Villanueva y Bertrand Marché, en el hospital, donde aceptaron cuidar por turnos  a los pobres, por caridad y limosna. Cavard describe cómo a veces las personas no eran de clase baja, sino que se encontraban de paso, o desplazadas, como el doctor en Medicina y Leyes, gramático y poeta Sussanée, quien recibió los cuidados de la cofradía, aunque finalmente falleció.

    Pero el doctor Miguel de Villanueva también actuaba como parte de tribunales para  examinaciones de los puestos vacantes de farmacéuticos en dicha Cofradía de San Lucas, como el 15 de febrero de 1551,* día en el que el apotecario Beraud fue examinado en la sala de los médicos  para crear un electuario desucco rosarum (aunque luego se cambió por un electuario de diamargariton),  un compuesto farmacológico, a partir de unos simples que se colocaron en una mesa cuadrada. El presidente del acto fue el doctor Miguel de Villanueva, quien además había conducido al candidato al acto, el cual fue, por otra parte,  presenciado por personajes notables de la ciudad y otros habitantes del lugar. Vemos como el doctor Miguel de Villanueva (quien conocía perfectamente todos estos compuestos como demuestra en su obra de 1543, el Dispensario también impreso en el taller de Frellon) era una persona muy valorada y considerada en la ciudad.  El apotecario fue seleccionado para la vacante, y Miguel, aunque no aparece registrado a partir de San Lucas de 1552 -cuando acababa su mandato- esto no significa que no siguiese dispensando los cuidados por caridad y limosna de dicha cofradía.  Asimismo, ese año de 1551, publicará una obra de obvia autoría, e importancia,  la obra maestra del taller de imprenta de su amigo Jean Frellon, la Biblia Sacrosanta del Antiguo y Nuevo Testamento, edición latina,  una Biblia anónima con grabados, muy vistosa, en la que siguió casi al pie de la letra los comentarios que él mismo había hecho en 9 años atrás cuando publicó su Biblia sagrada según la traducción de Santes Pagnino,y así lo refieren hasta los prólogos de sus reediciones.